Alfons López Tena y la búsqueda a toda costa del enfrentamiento El que pasa por inventor del "Espanya ens roba", Alfonso López Tena, llama cobardes a los secesionistas catalanes por ir de "chicos buenos"

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Alfons López Tena, inventor del eslogan “España nos roba” no se ha retractado de ninguna de sus tesis, aunque se haya retirado de la política activa; asegura que si Cataluña no se independiza es por falta de agresividad hacia España por parte de los secesionistas.

Sintomático de la falta de ideas entre los partidarios de la unidad de España es que recurran al hecho de que López Tena haya “tirado la toalla” como un dato a favor de la permanencia de Cataluña en España.

La historia que dibuja este saguntino de 1957, hijo de un inmigrante andaluz y originalmente llamado José Alfonso, tal como la sigue exponiendo en Business Insider, no puede escapar al calificativo de victimismo, pues víctima se debe llamar a quien no es capaz de escapar de su captor y están condenada a sufrir el mal que no puede evitar.

López Tena no ignora lo que es vivir con un buen sueldo de vocal (miembro) del Consejo General del Poder Judicial, y no por méritos profesionales (hay vocales elegidos entre juristas de “reconocido prestigio”), sino por ser miembro de un Partido Político (entonces, 2001 a 2008, Convergencia Democrática de Cataluña), es decir que ha estado a las órdenes de un político reconocido como corrupto (Jordi Pujol) y en un partido que se disolvió para no afrontar responsabilidades respecto a esa corrupción. De 2010 a 2012 fue diputado autonómico de otro partido (en la foto), y fue criticado por su absentismo de la comisión parlamentaria que presidía. Alguno podría preguntarse si desde esa experiencia puede recriminar a España que cobre de los catalanes más que la media.

Los argumentos hay que examinarlos, los diga quien los diga y haya servido a quien haya servido. La esencia de la cuestión no depende de lo insolidario que una persona haya sido, o mejor dicho, dentro de cierta trayectoria es lógico que no se reconozcan más argumentos que los que parten de la insolidaridad.

En el escenario de López Tena el diálogo es ineficaz: ridiculiza a los “buenos chicos” catalanes empeñados en dialogar con el poder central, que no cederá porque saca beneficio económico de Cataluña. Para él, lo único que sacan los catalanes a los que pretende representar es “la zona de confort de la supremacía moral derivada de ser los chicos más buenos y sonrientes“.

Curiosamente, llama bondad a lo que en realidad considera estupidez: quizá le falta añadir que esos catalanes a los que juzga más que representa, tienen una moral de borregos, cristiana. Pero según la moral cristiana, hay más felicidad en dar que en recibir, y sin embargo estos supuestos donantes económicos obtendrían una supremacía moral.

La pescadilla de López Tena se muerde la cola, pues exalta de los catalanes su habilidad negociante (16% de la población, 19 del PIB, 24% de las exportaciones), pero les propone arriesgar el beneficio neto anual (16.000 millones de euros en intercambios con el resto de España) para poner fin a un supuesto robo neto de 20.000 millones de euros anuales en impuestos.

No voy a entrar en el grado de la fiabilidad de la segunda cifra, con la que López Tena supuestamente animó en su día a los catalanes a salir de su zona de confort, sino a pedirle que se moje: ¿Los catalanes viven confortablemente o son víctimas a punto de ser asfixiadas? Alguien tiene que mojarse aquí y no soy yo.

No soy yo, porque soy el primero en querer salir del colonialismo, de que unos se consideren superiores, y retomemos la senda de la igualdad jurídica que se ha transgredido con el recurso al victimismo. Dejémonos de mitologías, que siendo usted valenciano de padre andaluz sabe de sobra que la identidad catalana es una ideología a la que cualquiera puede apuntarse. Pero la ideología no genera derecho a considerarse víctima. Aquí somos todos ciudadanos y tratamos de avanzar en el camino a la igualdad de derechos.

El principio de solidaridad es otro de los pilares del Estado moderno, ese que los franceses llamaban fraternidad, y en su corazón y afectos puede usted establecer las fronteras que quiera, pero en la sociedad implica el deber de socorrer a los desfavorecidos. Hace poco me escribía un catalán de los suyos que no entiendo nada, porque esto es una pura cuestión de no perder dinero subvencionando a andaluces y otros, y que el divorcio es cosa de uno.

Pues no, el divorcio es cosa de dos y socorrer al necesitado es un principio sin el cual no hay sociedad. Una sociedad no se puede diseñar como un club de ricos, por mucho que aspire a la prosperidad de todos sus habitantes. ¿Con que cara se puede pedir solidaridad hacia los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo (o con los países desfavorecidos) y negársela a una región con la que existen vínculos centenarios? ¿En su Cataluña imaginaria expulsarán hacia España a los parados, enfermos crónicos y mayores de 65? ¿En qué parte lleva los límites la palabra solidaridad para que pueda usted pensar que sus ideas se plasman en el sintagma solidaridad catalana?

La discusión sería eterna porque algunos tienen la decisión tomada: pero reconozcan al menos que es una decisión sin más, no se den encima el calificativo de chicos buenos.

 

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