España se merecía más de la Conferencia Episcopal La Conferencia Episcopal publica una nota sobre la situación en Cataluña, totalmente correcta pero que nadie va a entender

Facebooktwittermail

A mi parecer, con su declaración del 27 de septiembre de 2017, la Conferencia Episcopal Española (CEE) desperdició la ocasión de recordar a los cristianos que hay que obedecer en conciencia las leyes, y estas por su orden, es decir las del Estado antes que las de entidades inferiores, máxime estando estas anuladas por aquellas, salvo cuando se les pretenda obligar a pecar.



El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, leyó una declaración a la que denominó simplemente “nota”, aprobada por unanimidad en la Comisión Permanente de la CEE esa misma mañana.

El comunicado es correctísimo (véase su explicación en Forum Libertas), y explica lo importante que es respetar la convivencia, las leyes y la Constitución, los bienes construidos conjuntamente durante tantos siglos, la concordia entre los pueblos de España… Vamos, que está a favor de la unidad de España, pero ni menciona esta, ni tampoco menciona que en Cataluña esté el Gobierno regional fomentando la independencia mediante un referéndum contrario a las leyes del Estado, etc. Habla de que hay un conflicto, y como decía el vasco respecto al sermón del cura sobre el pecado, parece que no son partidarios… Pero hay que escuchar varias veces, y por varias entiendo al menos tres, la declaración para comprenderlo.

Además, el señor presidente de la CEE dijo que le parecía suficiente con leer, y por tanto no admitió preguntas. Ofreció los servicios de la Iglesia para mediar, pero como se ve no tenía mucha prisa por aconsejar, y eso que dio a entender que la Doctrina Social de la Iglesia tiene la solución a todos los conflictos.

Para el que haya escuchado la declaración menos de tres veces, y quizá para alguno de los que la hemos escuchado más de tres, en definitiva la CEE se ponía en medio, de perfil como se dice hoy día, esquivando mojarse con respuestas a las preguntas que hubiera. Hay un conflicto, somos expertos en resolverlos, y hala, leeros esta declaración si os parece.

No digo yo, señores de la CEE, que vayan ustedes como antaño a bendecir banderas y cañones, pero hombre, si hasta el señor Trump, que seguramente hasta ayer no sabía ni dónde estaba Cataluña, se mojó diciendo que España es un Estado bonito; si hasta Rusia ha salido a desmentir a El País por lo que dijo de que está apoyando al separatismo… Señor cardenal, no me negará usted que la relación entre la Iglesia católica y España se merecía algo más de atención que la que hasta Trump y Putin nos prestan.

Que hasta yo juré bandera en 1986 y fue antes o después, o en medio, de un misa, y debía haber junto a la bandera un cura, como lo hay en esta jura de un año antes. Que no sé si somos amigos, pero sí vecinos de toda la vida, y unas palabricas de ánimo ya nos merecíamos.

Con esto no digo que sin la presencia o el consejo de un cura los españoles vayamos a la ruina y que con ella todo se arregle. No, muchas veces con curas y todo hemos hecho el ganso más allá de lo imaginable. Y ahí está la cuestión: que yo sé que ustedes saben que podrían darnos buenos consejos… Pero también saben que los españoles, incluidos los catalanes, no les iban a escuchar. Así que para qué.

Pues para qué, para mostrarnos que son ustedes católicos: que creen en la razonabilidad de los seres humanos, TAMBIÉN DE LOS ESPAÑOLES. Y que no solo creen que Dios nos ha hecho, como a los demás seres humanos, capaces de entendernos, sino capaces de entenderle a ÉL: Capaces de la vida sobrenatural. Y que por tanto merecemos el auxilio de la Iglesia, y no que nos suelten un papelillo y ¡hala!, el que quiera que se lo lea.

Alguno habrá que deje de ir a la iglesia o deje de creer viendo en esto un desprecio. Pues yo al contrario: Si la fe consistiera en aplaudir a curas y obispos, quién sabe. Pero la fe es un don de Dios, no fruto de la experiencia de ver qué majos son curas y obispos. Y es el don que permite ver la mano y la fuerza de Dios en donde están las pruebas de su existencia, pero exigiendo una respuesta libre. De modo que sí, yo creo que en medio de ustedes está esa sabiduría… ¡pero, joder, qué bien la esconden! (Ay, esto no lo lean).

En la CEE, que es elegida por los miembros de la Jerarquía de la Iglesia católica (pero no se confunde con ella, es un mero instrumento. ¡Ven como hace falta fe para creer esto cuando todos confunden a la CEE con la Iglesia!), sí, de algún modo misterioso debe flotar entre ustedes ese poder que podrían compartir a manos llenas en vez de soltarnos un comunicado que cada uno va a entender a su manera, a no ser que lo estudie con lupa. Y en eso sí pueden desesperar: nadie lo estudiará. Nos han puesto a huevo que no hagamos ni puto (¡sí, he dicho puto!) caso a la Doctrina de la Iglesia, pero eso sí, para los libros de historia ahí quedará que ustedes sacaron un comunicado a tiempo, ya le vieron venir las orejas al lobo.

Dejen, pues, que nos matemos, que Dios reconocerá a los suyos. (Ay, pero qué digo, otra vez.) No, que como uno del montón, sin autoridad ninguna, les recuerdo que creo en ustedes y voy a seguir esperando, hasta el día del Juicio final, ese testimonio y esa palabra clara que este pueblo, estos pueblos, aquellos pueblos, se merecen porque son hijos de Dios, y unos hijos que en ocasiones han sabido dar el callo por su Padre.

Mentir y corromper so capa de independencia

Regresando de Lérida el 1 de octubre de 2017 escucho en la radio la entrevista publicada el día anterior con el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, en La Nueva España, en la que reconoce que la nota del episcopado es “tan suave y tan neutral que parece que estamos hablando de otra cosa”. Él sí ha hablado claro:

Esto que está sucediendo ahora se empezó a trabajar hace años a través de una educación que tenía este cometido: utilizar la inocencia y vulnerabilidad, la maleabilidad, de niños y jóvenes para que ahora pudieran dar esa batalla. Cuando mientes, te corrompes, malmetes, insidias, engañas a un pueblo con alternativas trucadas, y eso está demostrado en tantas intervenciones y en tantos debates que se han puesto en marcha; si toda tu alternativa y tu legítima aspiración a la independencia está basada en este paquete de trufas, entiendo que aquí hay un delito tan grave que es inmoral; y esta inmoralidad es la que la Iglesia debe denunciar.

Munilla, otro obispo que se atreve a decir la verdad

El obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, afirmó en su programa Sexto Continente de Radio María el 2 de octubre de 2017 que la celebración de un referéndum ilegal en Cataluña ha sido inmoral por violar el principio de respeto a la autoridad constituida, y que la declaración de la CEE había sido clara en ese sentido, si bien coincidía con el arzobispo de Oviedo en que, por ser muy diplomática la forma de hablar de los obispos, había dado la falsa impresión de que se ponían de perfil. El programa estará disponible en el podcast de Radio María y en el podcast del obispo.

Dos obispos que se engañan y engañan a los demás

El problema latente detrás de la falta de firmeza en la posición de la CEE (y no digamos de la llamada Conferencia Episcopal Tarraconense, entidad no aprobada por la Santa Sede), y en consecuencia de la falta de claridad al exponer su postura (no de la incoherencia: la postura es correcta, pero se expresa de forma ininteligible), es que dos obispos apoyan el actual proceso independentista, afirmando que es lícito lo que para los demás es inmoral. El más notorio es el de Solsona, monseñor Xavier Novell, que afirma que solo está en juego el derecho a la autodeterminación y da por buena cualquier violación de la legalidad (como la de votar en donde uno quiera), y el de Girona, monseñor Francesc Pardo, que no ve en los sucesos del 1 de octubre de 2017 nada más que un ejercicio de violencia injustificada por parte de los poderes establecidos.

Ambos tienen edad y cargo suficiente como para saber que lo que dicen es mentira, y además se han comprometido a respetar las leyes del Estado al aceptar su cargo, por no hablar de miles de veces al meditar que se debe dar al César lo que es del César.

Por si lo habían olvidado, en las lecturas de la misa del 1 de octubre se refería Jesucristo a los dos hermanos, el que fingía obedecer y no lo hacía, y el que manifestaba el deseo de ser rebelde pero obedecía; y San Pablo a que Jesucristo fue obediente hasta la muerte, recomendando: “No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás”.

Estoy seguro de que ambos obispos (se) engañan por debilidad, porque la mentira repetida mil veces termina por resultar dulce hasta para quienes debían aclarar las conciencias de otros. A todos nos perdonará Dios la debilidad si la reconocemos, pero el olvido (ignorancia es imposible suponer en personas tan cultas) de la ley no exime de su cumplimiento.

Facebooktwitterrssyoutube

Una respuesta a “España se merecía más de la Conferencia Episcopal La Conferencia Episcopal publica una nota sobre la situación en Cataluña, totalmente correcta pero que nadie va a entender

  1. Gracias. Me encanta. La falta de claridad y de determinación hundieron la Iglesia en el País Vasco cuando apostó por poner a los asesinos y a las víctimas en un mismo plano. La Iglesia universal se cubrió de oprobio con el tema de la pederastia que no supo afrontar más que a base de negaciones y todavía recuerdo al santo polaco bendiciendo a Marcial Maciel patrón de la castidad y modelo de la juventud inocente. Y con un par de excepciones, los obispos españoles se han cubierto de ridículo -una vez más- con el tema del Yunque que no supieron afrontar ni denunciar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *