Espejuelos por oro: Colonización a medio gas La mayoría de los españoles persigue el poder y la gloria; dando ocasión a que les cambien espejuelos por oro aquellos que prefiere una vida cómoda

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López Tena, que inventó la campaña de "España nos roba", considera que los catalanes tienen deseos pero no voluntad de independencia.
López Tena, que inventó la campaña de “España nos roba”, considera que los catalanes tienen deseos pero no voluntad de independencia.

Cataluña debe tener un superávit comercial con el resto del Estado español de aproximadamente unos 16.000 millones de euros“.  Lo afirmaba Gonzalo Bernardos, profesor de la Universidad de Barcelona, en una entrevista con Gema Castellano publicada el 14 de septiembre de 2017 por Informativos.net. ¿Es esta una desigualdad normal o indica que en las relaciones comerciales entre Cataluña y el resto de España una parte gana más que la otra, hasta el punto de poder comparar esta relación al intercambio de espejuelos por oro entre los pueblos dominantes y los que son colonizados?



La pregunta, supongo, resultará chocante para el lector, ya que supuestamente la que parece más urgente responder es la contraria: ¿Está el régimen político español oprimiendo a Cataluña, que trata de liberarse? ¿Cómo puede ser colonizadora la parte que se presenta como oprimida?

¿Es posible que alguien que impone su poder político a otro esté sometido a él en el campo económico? ¿Es posible que acepten los colonizadores someterse a las condiciones digamos politicas del que es tratado desigualmente en otro campo? ¿Se puede admitir cierta desigualdad a cambio de otra más ventajosa?

Estas desigualdades existen en todas las relaciones humanas, y no por ello puede hablarse en todas de colonialismo. Además, mientras uno llamará colonialismo a la explotación económica, otro preferirá fijarse en quién tiene el poder político. Así que quizá el nombre de este blog no debería hacer referencia al colonialismo… Pero de esa forma seguramente no habría llamado la atención del lector, fracasando prematuramente.

Convendrá, pues, evaluar la afirmación del profesor Bernardos y, si fuera cierta, preguntarse si es también relevante: ¿Es justo que el resto de España cambie -supongamos- poder político a cambio de dominio económico, porque a la mayoría de los españoles quizá les gusta más el poder político que el económico (y por tanto consideran que ganan con el intercambio)? ¿O se hace ese intercambio sin que la mayoría lo sepa? ¿Quizá incluso se oculta esa realidad, por ejemplo para poder seguir presentando como injusta la supuesta desigualdad política y a cambio reclamar más poder economico?

Es posible que, si respondemos a estas preguntas, podamos plantearnos entonces otras que parecen más de actualidad: ¿Por qué no se conforma una parte con el dominio económico y quiere ahora la independencia política? ¿Está  esa parte dispuesta -suponiendo que actúe como tal frente a otra parte- a sacrificar dinero por poder? ¿No sería señal de que las dos partes se parecen ahora más que nunca, ya que desde siempre a los españoles les ha interesado el poder, arruinándose -sin mucho sentido común, que es de lo que presumían los catalanes- con tal de no perderlo?

Un nacionalismo de victorias cómodas

El nacionalismo que quiere rosas pero no espinas triunfa en épocas donde la política busca la satifación de deseos y no la justicia. El que uno de esos nacionalismos sea el ahora rampante en Cataluña es algo que reconocerá el creador del eslogan “España nos roba”, Alfonso López Tena, que explicaba así a David Brunat en El Confidencial el 30 de septiembre de 2017 por qué había renunciado a luchar por la independencia de Cataluña:

P.- ¿Alberga alguna esperanza de vivir en una Cataluña independiente?
R.- No, y por esa razón me bajé de la política. La mentalidad catalana que se ha generado sirve para resistir, para mantenerse dentro de un Estado que no es el propio, pero en absoluto sirve para conseguir la independencia. En todo caso sirve para cohesionar. Y lo vi claramente como fenómeno social con el fracaso del ‘no vull pagar’ [‘no quiero pagar’] de los peajes. Los catalanes, cuando pretenden un objetivo, no pretenden la independencia o que los peajes ya amortizados sean gratuitos. Lo que quieren es manifestarse para decir que son los buenos, los que tienen razón, la ‘buena gente’ como los define Junqueras contínuamente. No quieren un resultado. Eso lo resume una expresión que le robé a otra persona: los catalanes desean la independencia, pero no la quieren.

Si lo que afirma López Tena fuera cierto, nos hallaríamos ante la paradoja de que un deseo que no está dispuesto a llegar hasta el fin tendría como consecuencia romper la ventaja económica que, a cambio de no romper la baraja, es decir, de conformarse con esa ventaja, había dado el resto de España a Cataluña. Esta pierde así lo que tenía y amenaza con arrastrar a la ruina a todos… ¿sólo por expresar un deseo que no quiere satisfacer? Al final, la Marca Hispánica habría hecho un ejercio de inútil orgullo, digno del español más soberbio, pero a condición de no derramar ni una gota de sangre.

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